buen gobierno. La experiencia demuestra que han existido personas muy capaces que terminaron defraudando la confianza ciudadana.
Pero también hemos visto cómo la improvisación y la falta de preparación producen decisiones que afectan a todo un país. Por eso no debemos elegir entre capacidad o integridad; debemos exigir ambas. Quien aspire a servir debe demostrar que posee el conocimiento para gobernar y los valores para hacerlo con honestidad, responsabilidad y un verdadero compromiso con la gente.
El mayor peligro no es dejar de creer; es dejar de distinguir.
Porque cuando dejamos de distinguir entre unos y otros, cualquiera puede terminar pareciendo la mejor opción.
Cada vez que ejercemos el derecho al voto no elegimos solamente un nombre. Elegimos quién administrará recursos que pertenecen a todos, quién tomará decisiones sobre la educación de nuestros hijos, la seguridad de nuestras familias, el crecimiento de nuestras comunidades y el futuro de nuestro país. Por eso nuestro voto tiene un valor que no puede medirse por una emoción pasajera, una promesa de último momento o una necesidad circunstancial.
Elegir también se aprende. Y cuando aprendemos a elegir, también aprendemos a valorar nuestro voto. Un ciudadano que valora su voto entiende que no es una simple marca en una boleta, sino una decisión que puede influir en la vida de millones de personas. Por eso, antes de elegir, debemos informarnos; antes de decidir, debemos analizar; y antes de votar, debemos pensar.
Hoy no quiero invitarle a pensar como yo. Quiero invitarle a pensar mejor. A informarse antes de creer, a analizar antes de decidir y a exigir más de quienes aspiran a servir a nuestro país.
El país que soñamos no comenzará cuando aparezca el candidato perfecto. Comenzará el día en que cada ciudadano decida ejercer su derecho al voto con mayor conciencia, mayor criterio y un profundo sentido de responsabilidad. Porque cuando una ciudadanía aprende a valorar su voto, comprende que el verdadero cambio de una nación no comienza en los gobiernos, sino en cada ciudadano que decide ejercer su derecho con conciencia, criterio y responsabilidad.
Una democracia fuerte no depende únicamente de buenos gobernantes. Se construye, sobre todo, con ciudadanos que aprenden a elegir con conciencia, criterio y responsabilidad.
Política con Propósito RD
Construyendo ciudadanía para fortalecer la democracia.
